Artículo
Autoría
Corina Rodríguez Enríquez
Fecha
2005
Editorial y Lugar de Edición
Ciepp
Revista
Ciepp - Documentos de Trabajo
(pp. 1-18)
- ISSN 1668-5245
Ciepp
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ISSN
1668-5245
Resumen
Información suministrada por el agente en
SIGEVA
Como en toda disciplina, en economía conviven en mayor o menor armonía distintas corrientes de pensamiento. Como en todo campo del conocimiento, además, algunas de estas visiones resultan hegemónicas y dominantes en distintos momentos del tiempo. Las últimas décadas han atestiguado el poderío de la visión ortodoxa, sustentada en lo esencial en los principios de la teoría neoclásica. La visión limitada y en algún...
Como en toda disciplina, en economía conviven en mayor o menor armonía distintas corrientes de pensamiento. Como en todo campo del conocimiento, además, algunas de estas visiones resultan hegemónicas y dominantes en distintos momentos del tiempo. Las últimas décadas han atestiguado el poderío de la visión ortodoxa, sustentada en lo esencial en los principios de la teoría neoclásica. La visión limitada y en algún sentido irreal del mundo que provee este pensamiento dominante ha sido puesta de manifiesto por muchos trabajos y desde distintas perspectivas. Uno de los aportes más novedosos a la crítica de la visión ortodoxa provino de la economía feminista[1]. Esta corriente de pensamiento ha hecho énfasis en la necesidad de incorporar las relaciones de género, como una variable relevante en la explicación del funcionamiento de la economía y de la diferente posición de los hombres y las mujeres como agentes económicos y sujetos de las políticas económicas[2]. Algunos temas vinculados con esta perspectiva, ya se introdujeron en el análisis económico tan tempranamente como en la década de 1930, cuando se comenzaron a estudiar las causas de las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Muchos otros debates siguieron desde entonces, y la incidencia del análisis específicamente feminista en economía se hizo más fuerte a finales de la década del 80[3]. Entre muchos otros aspectos, la economía feminista ha cuestionado la importancia central que se concede, en la economía ortodoxa, a la elección (“choice”), contrastando este concepto con el de provisión de bienestar individual y colectivo como objetivo alternativo fundamental de la economía. En el estudio de la manera en que las economías resuelven la provisión de este bienestar, o bien, en la forma que estos sistemas se reproducen, aparece jugando un rol de particular importancia el trabajo destinado a cuidar de las personas, y a proveerlas de lo que necesitan para continuar su vida en sociedad. Así, aparece el concepto de economía del cuidado. El objetivo principal de este trabajo es reflexionar sobre el vínculo entre la economía del cuidado y la macroeconomía. La intención es sistematizar, de manera estilizada, el estado de la discusión sobre el tema y las múltiples preguntas que aún quedan por responder, en el entendimiento de su utilidad para ampliar y mejorar el estudio de la economía y de las políticas económicas. Para ello, en la primera sección se revisan las definiciones conceptuales utilizadas en la literatura para referirse a la economía del cuidado, tratando de identificar sus múltiples componentes y dimensiones. En la segunda sección, se examina el tratamiento que la disciplina económica le ha dado al tema. En la tercera sección, se exploran los puntos de vinculación entre la economía del cuidado y la macroeconomía. Finalmente, en la cuarta y última sección, se repasan las cuestiones metodológicas relativas al estudio de la economía del cuidado. [1] Para un trabajo fundante de la perspectiva de la economía feminista ver Ferber y Nelson (1993) y su actualización Feber y Nelson (2003). También consultar www.iaffe.org. [2] El concepto de género como categoría de análisis surge en la década del 60, como crítica a la sustentación biologicista de la subordinación femenina basada en el presupuesto que la división del trabajo y las funciones específicas para ambos sexos son asignadas de acuerdo con el principio de lo “natural”. El género refiere, por tanto, a una construcción histórica y social que asocia un conjunto de roles y valores con uno y otro sexo, implicando cierta jerarquía entre ellos, determinando lo que la sociedad considera “femenino” y “masculino”. Las relaciones de género pueden definirse en términos del juego entre prácticas históricas que se distinguen de acuerdo a lo femenino y lo masculino (teorías e ideologías, incluyendo creencias religiosas), prácticas institucionales (como el estado y el mercado), y condiciones materiales (la naturaleza y distribución de capacidades materiales a lo largo de líneas de género) (Bakker, 1994). [3] Para una síntesis de la introducción de la perspectiva de género en economía ver Carrasco (1999) y Benería (2003b).
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Palabras Clave
TEORIA ECONOMICAPOLITICAS PUBLICASGENEROECONOMIA DEL CUIDADO