Libro
Autoría
GRIMSON, ALEJANDRO
;
Emilio Tenti Fanfani
Fecha
2014
Editorial y Lugar de Edición
Siglo XXI
ISBN
978-987-629-449-2
Resumen
Información suministrada por el agente en
SIGEVA
Se sabe que en cada argentino se esconden un director técnico de fútbol y también un "experto" en educación, capaz de diagnosticar los grandes problemas de la escuela y prescribir recetas mágicas para solucionarlos. Todos nos sentimos autorizados a hablar de la educación, porque fuimos a la escuela o porque volvimos a ella como docentes o como padres. El problema no es que opinemos, sino que esas opiniones se conviertan en estereotipos, que en...
Se sabe que en cada argentino se esconden un director técnico de fútbol y también un "experto" en educación, capaz de diagnosticar los grandes problemas de la escuela y prescribir recetas mágicas para solucionarlos. Todos nos sentimos autorizados a hablar de la educación, porque fuimos a la escuela o porque volvimos a ella como docentes o como padres. El problema no es que opinemos, sino que esas opiniones se conviertan en estereotipos, que en un extremo consideran a la educación como la culpable de todos los desastres nacionales y, en el otro, como la única institución sagrada que nos queda. "A la escuela pública de antes asistían todos, desde el hijo del obrero hasta el hijo del médico", "Antes la educación era de mejor calidad, y además había orden y disciplina", "Hay que adecuar la escuela a las demandas del mercado", "El maestro perdió autoridad", "La educación mejoraría automáticamente si se invirtiera más", "La culpa la tienen los sindicatos", "La política no debe entrar en la escuela" Todos alguna vez oímos, pronunciamos y hasta defendimos ideas como estas. Y no es raro, porque son comunes en los medios de comunicación, en las salas de profesores, en la sobremesa del domingo o en las charlas de café. Son nuestra mitolandia educativa. El texto cuestiona cada una de esas creencias, no para levantar un dedo acusador o para demostrar que son enteramente falsas, sino para analizarlas y contrastarlas con datos y argumentos. Si se han convertido en arraigados lugares comunes, es porque tienen su parte de razón y tocan un nervio de la sociedad. Lo malo es que, con su pretensión de verdad absoluta, se han vuelto auténticas mitomanías que nos impiden pensar. Por eso, antes que ignorarlas, hay que ponerlas en cuestión para construir, sin prejuicios, la educación que merece una sociedad que aspira a ser democrática e igualitaria.
Ver más
Ver menos
Palabras Clave
UNIVERSIDADESCUELAMITOSEDUCACIÓN