Congreso
Autoría
Fecha
2008
Editorial y Lugar de Edición
FEPAI
Resumen
Información suministrada por el agente en
SIGEVA
La noción de causas esencialmente ordenadas juega un papel fundamental en la demostración escotista de la existencia de Dios. Escoto distingue este tipo de serie de causas a través de tres criterios: (i) en ellas, las causas segundas dependen en su capacidad de acción de una causa primera, (ii) pertenecen a una distinta especie o nivel de perfección, (iii) concurren simultáneamente para la producción del efecto (De primo princ. § 28; Ord. I ...
La noción de causas esencialmente ordenadas juega un papel fundamental en la demostración escotista de la existencia de Dios. Escoto distingue este tipo de serie de causas a través de tres criterios: (i) en ellas, las causas segundas dependen en su capacidad de acción de una causa primera, (ii) pertenecen a una distinta especie o nivel de perfección, (iii) concurren simultáneamente para la producción del efecto (De primo princ. § 28; Ord. I d. 2, §§ 49-52; Lectura I d. 2, p. 1, q. 1, §§ 46-48). Ciertamente, no se trata de una noción original o exclusiva de Escoto, sino compartida por numerosos autores medievales, entre ellos, Tomás de Aquino. Aunque Aquino no utiliza, por lo general, la terminología de “causas esencialmente ordenadas”, sino más bien la de causas “ordenadas por sí” o “por accidente”. En su comentario a la primera proposición del Liber de causis, Aquino distingue una doble ordenación en las causas: “Por sí, cuando la intención de la primera causa concierne al efecto último a través de todas las causas medias [...]. Por accidente, en cambio, cuando la intención de la causa no procede sino hacia el efecto próximo, y el hecho de que a partir de este efecto se produzca, a su vez, otro distinto, está fuera de la intención del primer eficiente ...” (In Lib. de causis, lect 1). También tiene esta noción un papel fundamental en la primera pruebas o vía para la existencia de Dios, en el tercer y último paso fundamental en el que se argumenta la imposibilidad de un regreso al infinito en la serie de motores movidos Sin embargo, no siempre se atiende suficientemente este punto en los intentos de reconstrucción de la vía, o bien hay controversia al respecto. En la sintética formulación de esta vía en la Suma teológica, la caracterización de este tipo de serie causal y su aplicación al argumento están casi sobrentendidas. Sin embargo, es perfectamente posible reconstruir, a través de pasajes posteriores, o de otras obras, los principales elementos de la caracterización escotista de las causas esencialmente ordenadas: En ST I q. 46, a. 2, ad 7um, al replicar un argumento que demostraría el comienzo temporal del mundo, Aquino admite explícitamente la posibilidad del regreso al infinito en la serie de las causas ordenadas por accidente. Lo cual indica que retrospectivamente hay de considerarse que el argumento de la no regresión al infinito aplicado en las tres primeras vías vale sólo para las causas ordenadas por sí. En SCG II 21, § 5 y 8, al demostrar que la creación es exclusiva de Dios y que ninguna creatura puede crear ni siquiera en calidad de causa instrumental, Aquino distingue, en el ámbito de la generación natural, entre el plano individuo o el agente unívoco del mundo sublunar, y el agente equívoco, que es causante al nivel de la especie o naturaleza. En SCG II 38, § 13, otra vez como respuesta a uno de los argumentos para probar que el mundo es eterno, se refiere explícitamente a las causas ordenadas por sí como simultáneas. Más allá de las analogías en cuanto a la caracterización y la aplicación de estas nociones en Aquino y Escoto son obvias las diferencias entre las perspectivas de ambos autores. Como es bien sabido, la prueba de Escoto aspira explícitamente a una mayor amplitud metafísica, al partir no de la mera actualidad del efecto, sino de su posibilidad (“Aliqua natura est effectibilis”), para concluir de allí la posibilidad de una causa que lo produzca, y, finalmente, la existencia actual de una causa primera. Esta opción metafísica está claramente inserta en el contexto de una preferencia por la versión metafísica –y no meramente física– de la vía de la eficiencia, y en relación con una interpretación de la metafísica que pone a Escoto del lado de Avicena y contra Averroes: a juicio de Escoto el comentador se ha equivocado al pretender que la demostración de la existencia de Dios pertenece al físico y se da sólo bajo la forma de una prueba del movimiento (cf. Lectura I d. 2, p. 1, q. 1, § 40).Personalmente interpreto que el modesto alcance de la proposición que es punto de partida de la prueba a posteriori de Aquino: “algo se mueve” –“Certum est enim, et sensu constat, aliqua moveri in hoc mundo.” (ST I q. 2, a. 3); “Patet autem sensu aliquid moveri, utputa solem.” (SCG I 13, § 3)– es el que corresponde propiamente a un juicio existencial de evidencia empírica. Si a ese punto de partida fáctico y empírico se le suma la relevancia que adquiere la noción de causas esencialmente ordenadas, con todo el aparato conceptual de la física aristotélica que ello supone –el sol como causa universal de la generación y la corrupción, la incorruptibilidad de los astros, el movimiento de las esferas celestes etc.– tendríamos una lectura de las vía de Aquino mucho más “física” de lo que a veces se pretende. Esta interpretación no tiene por objeto desestimar la posibilidad de “actualizar” las vías por su compromiso con la física aristotélica, sino reubicarlas en el contexto de una opción interpretativa de las relaciones entre física y metafísica: la manifestior via no es aquella que muestra de forma más completa los atributos metafísicos de la causa primera, sino la que recorre cuidadosamente todos los peldaños de la experiencia hasta llegar a una causa que finalmente la trasciende.
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