Producción CyT
Débiles, anormales, higiénicos y civilizados. La medicalización de la niñez escolarizada en Buenos Aires (1884-1945)

Libro

Fecha
2023
Editorial y Lugar de Edición
Imago Mundi
ISBN
9789507934292
Resumen Información suministrada por el agente en SIGEVA
Este libro se propone rescatar un conjunto de sentidos, saberes, intervenciones y prácticas situadas que quizás hayan caído en el olvido, congregados por la escuela pública en las primeras décadas del siglo XX, momento en el cual, los ciclos epidémicos clausuraban literalmente las escuelas imposibilitando la escolaridad, signado por un contexto donde las enfermedades infectocontagiosas y la muerte acechaban de manera recurrente a las niñeces, sob... Este libro se propone rescatar un conjunto de sentidos, saberes, intervenciones y prácticas situadas que quizás hayan caído en el olvido, congregados por la escuela pública en las primeras décadas del siglo XX, momento en el cual, los ciclos epidémicos clausuraban literalmente las escuelas imposibilitando la escolaridad, signado por un contexto donde las enfermedades infectocontagiosas y la muerte acechaban de manera recurrente a las niñeces, sobre todo, de los sectores sociales más postergados. Encarnada en paradigmas cientificistas y moral republicana con un sentido de democracia limitado a los varones; la cultura escolar fue depositaria de un pretendido saber y estuvo dispuesta por teorías, normas, currículum explícito y currículum oculto, rituales y prácticas que tendían a organizar la vida institucional de manera homogénea en la marea de la diversidad cultural de los destinatarios de las políticas educativas. Los mensajes transmitidos, los acuerdos y disensos con las familias que rebalsaban los muros escolares para aplacar moralidades y comportamientos disruptivos, formaron parte de las tramas culturales que hicieron posible su ramificación por los barrios y los hogares auspiciando las nociones de la higiene, las buenas costumbres y la urbanidad. Civilizar implicaba intervenir para las instancias normativas y prácticas sociales en busca de la moralización de las masas, estableciendo cuáles eran las conductas correctas y cuáles las incorrectas para desempeñarse en la esfera de la sociedad civil. En nuestro caso anotician sobre la circularidad entre los saberes expertos y las prácticas sociales, permitiendo echar luz a las relaciones entre las elites dirigentes que pensaron las políticas tendientes a mejorar y disciplinar el comportamiento, los hábitos y la salud de los individuos en un amplio proyecto de regeneración y de masificación de la escuela. Para la medicalización, entendida como las políticas impulsadas desde las instituciones y organismos sanitarios para la intervención del saber diplomado de los médicos sobre un conjunto de problemáticas sociales por el cual los “problemas no-médicos” pasan a ser definidos y tratados como “problemas médicos” (Conrad, 2007, pág. 34); la escuela fue un espacio neurálgico para intervenir sobre los cuerpos. De este manto teórico se desprende la noción de medicalización escolar, entendido por ello como la estructuración de los discursos, la aplicación de los instrumentos y los dispositivos que tendieron a disciplinar los cuerpos, a demarcar la salud de la enfermedad, lo normal de lo patológico, para mejorar el estado sanitario de las niñeces referenciadas en la escuela pública. Siguiendo a Foucault, tomamos el concepto de disciplina como un conjunto de técnicas que tiene por objeto y resultado los individuos singularizados; donde a través del examen, la vigilancia y la clasificación se logra medirlos, localizarlos y distribuirlos socialmente transformando, de este modo, la individualidad en un elemento para el ejercicio del poder (Foucault, 1978, pág. 28) El plegado de estos argumentos nos lleva a transitar por una serie de interrogantes que vertebran los capítulos, a saber: ¿qué implicancias tuvo el entroncamiento de estos conocimientos en la escuela que intentaron construir los cuerpos sanos e higiénicos de la infancia escolarizada? ¿Cómo se tejió el entramado institucional de los organismos destinados a extender sobre la escuela esos saberes y que discusiones se produjeron en torno a ello? Mencionados en muchas investigaciones que pasan velozmente sus labores desempeñadas; ¿quiénes eran los médicos que cimentaron las bases de la medicina escolar y qué tipo de limitaciones encontraron en sus agendas? ¿Qué analogía tenía el Cuerpo Médico Escolar (en adelante CME), creado a fines del siglo XIX, con otros organismos dedicados a fortalecer la vida de los y las niños/as en todos sus talantes constitucionales? La conceptualización de pulcros, sanos e higiénicos se contraponía al niño/a enfermo/a, débil o anormal, por lo tanto, ¿cómo aplicaban estas conceptualizaciones biomédicas y pedagógicas que alertaban sobre ciertas anomalías pasibles de ser modificadas o, en el peor de los casos, de disgregación social? ¿Qué instrumentos se destinaron para detectarlas y corregirlas? ¿Qué lugar ocupó la materialidad escolar en la transmisión de una estética corporal y psicológica que remitía a la concepción del cuerpo purgado de enfermedades? En suma, la escuela como lugar, se había tornado en uno de los baluartes para el mejoramiento de “la raza”, con la vacunación obligatoria, la pedagogía de la higiene, la puericultura, la enseñanza de la ciencia y la razón; la educación física y la construcción de roles sexualizados en un molde binario (masculinidades y femineidades) que marcaban diferencias atribuibles a una conjeturada naturaleza biologicista regida por prejuicios acientíficos y de fuerte cepa sociocultural.
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