Tesis
Autoría
Fecha
31/12/2007
Resumen
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SIGEVA
La presente investigación forma parte de un análisis más extenso a desarrollarse en una tesis de doctorado. En esta primera instancia establezco la relación arte-feminismo en Argentina, en lo que considero sus orígenes -años ’80- y su devenir –años ’90-. La primera parte del trabajo se aboca a trazar la historia del feminismo y su relación con el arte en Latinoamérica para luego señalar las particularidades ...
La presente investigación forma parte de un análisis más extenso a desarrollarse en una tesis de doctorado. En esta primera instancia establezco la relación arte-feminismo en Argentina, en lo que considero sus orígenes -años ’80- y su devenir –años ’90-. La primera parte del trabajo se aboca a trazar la historia del feminismo y su relación con el arte en Latinoamérica para luego señalar las particularidades del Cono Sur –atravesado por largas dictaduras- y dentro del mismo, las singularidades que presenta la Argentina. Trazo dos ejes que marcan al arte de género en el continente: las ausencias de artistas mujeres de la construcción discursiva de la historia del arte latinoamericano y las particularidades por las que atraviesan las artistas que desarrollan una práctica comprometida con el feminismo. Ya centrándome en la Argentina, me detendré en los años ’80 con la figura de Monique Altschul, artista que organiza las primeras exposiciones de carácter feminista en Buenos Aires. Las mismas están omitidas de la historia del arte argentino y de la producción crítica local durante la década del ’90, originándose uno de los primeros velos o silencios discursivos que destaco. En una segunda parte de la investigación, tras una síntesis de la plástica argentina contemporánea, me centro en los debates de la crítica y las propuestas artísticas que se dan durante los años ’90. Conceptos como el arte light, el arte guarango conviven con propuestas que reflexionan sobre problemáticas de género. Aquellos mismos artistas que son tildados de light, son los que trabajan y debaten cuestiones que tienen que ver con un incipiente arte gay. Sin embargo las posibles lecturas políticas que traslucen sus obras no son asumidas por los teóricos del período, quienes obnubilados por el brillo de los materiales de las piezas, neutralizaron su valor crítico. Es en este punto, a mí entender, que se produce un segundo velo o silencio discursivo, el cual si bien no ignora, soslaya una serie de prácticas que inician el debate de las llamadas “minorías” sexuales. Finalmente, en una tercera parte, seleccioné los trabajos de tres artistas para relacionar lo desarrollado desde el campo teórico con las obras plásticas. La elección de Nora Aslan, Silvia Gai y Claudia Contreras se sustenta en las fricciones que generan sus obras sobre los discursos canónicos del arte argentino. Si bien la mujer durante siglos ha sido cuestionada como sujeto político y confinada a tejer, cocer, cocinar, es a partir de las artistas feministas de los ’70 cuando las labores privadas vinculadas con el hogar, y entre ellas las artes de la aguja, sean empleadas para reivindicaciones políticas, críticas al sistema patriarcal. Uno de los elementos que confluyen en las obras de las tres artistas que seleccioné es el técnico: todas aluden explícita o implícitamente en sus obras a las artes de la aguja. La aguja está presente en sus vidas, como elemento que teje la memoria, que construye una trama, que recuerda el dolor o el amor y que repara.
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