Artículo
Autoría
Fecha
2011
Editorial y Lugar de Edición
Herramienta
Revista
HERRAMIENTA (BUENOS AIRES)
Herramienta
Resumen
Información suministrada por el agente en
SIGEVA
A menudo se descarta o desprecia el pensamiento de Adorno tildándolo de pesimista. Cuando se trata de cifrar los límites y alcances del pesimismo adorniano, el debate entre los especialistas parece oscilar entre dos posiciones, una histórica y otra omnihistórica. La lectura histórica establece que el pesimismo de Adorno obedecería a causas contingentes, determinadas y potencialmente superables -aunque sea de forma oscura y vaga-. Según esta lectu...
A menudo se descarta o desprecia el pensamiento de Adorno tildándolo de pesimista. Cuando se trata de cifrar los límites y alcances del pesimismo adorniano, el debate entre los especialistas parece oscilar entre dos posiciones, una histórica y otra omnihistórica. La lectura histórica establece que el pesimismo de Adorno obedecería a causas contingentes, determinadas y potencialmente superables -aunque sea de forma oscura y vaga-. Según esta lectura Adorno se habría vuelto pesimista ante el desarrollo del fascismo y de las múltiples y perfeccionadas formas de dominio de la sociedad de masas, tanto más sutiles cuanto difíciles de combatir. La lectura omnihistórica, en cambio, establece que Adorno era pesimista de modo ineluctable y generalizado porque su concepción de la naturaleza humana lo era. Al mismo tiempo, el problema del conflicto político -ligado al del pesimismo- resulta central para el marxismo hoy. De un lado, el marxismo es a menudo blanco de las críticas contra la “metafísica de la subjetividad”, sean o no de cuño posmoderno. Como intentaremos mostrar, tanto Jorge Dotti como Miguel Abensour cargan las tintas contra el carácter presuntamente absolutizante y sujeto-céntrico del pensamiento político marxista. Según estos autores, la crítica marxista del Estado estaría transida peligrosamente por supuestos no sólo utópicos, sino también -y peor aún- antropocéntricos y totalistas. Esos supuestos, se dice, conducen a la persecución paranoide de la diferencia antes que a la liberación de lo hombres. Del otro lado, la cuestión del conflicto en la teoría emancipatoria es puesta sobre el tapete por las luchas sociales contemporáneas. En el 2001 Argentino las calles fueron copadas por la consigna “que se vayan todos”, consigna que se probó hostil tanto ante los hegemónicos partidos burgueses como frente a las tendencias burocráticas y vanguardistas de la izquierda tradicional. A la puesta en cuestión teórica del pensamiento político marxista se sumó, entonces, un cuestionamiento práctico: acaso la idea de una revolución mediante la conquista del poder (por medios electorales o por la fuerza) fuera el germen del mal. Al mismo tiempo, la veloz recomposición de la legitimidad capitalista y la restitución de la legitimidad del electoral constatadas en los últimos años llevan a dudar de la efectividad de la mentada consigna para orientar la construcción de organizaciones de cambio social. Tanto el objetivo revolucionario final (la utopía de la vida sin Estado) como el medio para alcanzar ese objetivo (la toma del poder del Estado) deben hoy ser repensados a la luz de interpelaciones tanto teóricas como históricas, que nos exigen un serio replanteo de la cuestión del conflicto político.
Ver más
Ver menos
Palabras Clave
EMANCIPACIÓNPOLÍTICAPESIMISMOADORNO