Science and Technology Production
Fisiología cardio-vásculo-renal esencial.

Book Chapter

Date
2023
Publishing House and Editing Place
Ediciones Journal
Book
Cardio-Nefrologia. Vinculacion cardiaca, vascular y renal (pp. 14-21)
Ediciones Journal
ISBN
978-987-8452-68-5
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El corazón, los vasos sanguíneos y los riñones cumplen funciones esenciales para la homeostasis hemodinámica del organismo. El sistema cardiovascular está conformado por una bomba (el corazón) que propulsa la circulación de la sangre a través de los vasos sanguíneos (arterias y venas) gracias a un gradiente de presiones, y permite asegurar una adecuada perfusión de los tejidos para el intercambio de gases y nutrientes a nivel... El corazón, los vasos sanguíneos y los riñones cumplen funciones esenciales para la homeostasis hemodinámica del organismo. El sistema cardiovascular está conformado por una bomba (el corazón) que propulsa la circulación de la sangre a través de los vasos sanguíneos (arterias y venas) gracias a un gradiente de presiones, y permite asegurar una adecuada perfusión de los tejidos para el intercambio de gases y nutrientes a nivel de los capilares sanguíneo. El sistema cardiovascular cumple otras funciones como la señalización química de las células, la disipación de calor y la mediación de la respuesta inmune (1).En el corazón se encuentran diversos tipos de cardiomiocitos, como aquellos implicados en la generación de impulsos eléctricos (células sinoauriculares), la conducción de estos impulsos (vías auriculares de conducción, nódulo auriculoventricular, haz de His, y la red ventricular de Purkinje) y la contracción muscular (cardiomiocitos ventriculares). Con el advenimiento de la microscopía electrónica, se han identificado cardiomiocitos con un fenotipo secretor dado que presentan un retículo endoplásmico y aparato de Golgi bien desarrollado y gránulos donde se almacenan péptidos con propiedades autocrinas, paracrinas y endócrinas, capaces de modular la función de las propias células cardíacas, así como de otros órganos como el riñón y los vasos sanguíneos (2). Por otra parte, los riñones desempeñan tres grandes funciones. En primer lugar, actúan como filtros de la sangre, eliminando productos metabólicos y toxinas que se excretan en la orina. En segundo lugar, cumplen un rol central en el control de la osmolaridad plasmática, la presión arterial (PA) y el volumen del líquido extracelular (LEC) mediante la regulación del equilibrio hídrico, electrolítico y ácido-base. En tercer lugar, el riñón sintetiza y activa hormonas implicadas en la eritropoyesis (eritropoyetina), el metabolismo del fosfo-cálcico (1,25 dihixiocolecalciferol) y la regulación de la PA y el flujo sanguíneo (sistema renina angiotensina tisular, prostaglandinas, sistema calicreínas-cininas) (1).Este sistema integrado por el corazón, los vasos sanguíneos y los riñones es importante, entonces, para controlar la PA y, consecuentemente, la perfusión, nutrición, crecimiento y reparación tisular. Recordemos que la PA depende del gasto cardíaco y de la resistencia al flujo de sangre en los vasos sanguíneos. A su vez, el gasto cardíaco está determinado por el producto del volumen sistólico y la frecuencia cardíaca. Mientras que la resistencia periférica es inversamente proporcional a la cuarta potencia del radio de los vasos sanguíneos, y directamente proporcional a la longitud del vaso y la viscosidad de la sangre (1, 3).El volumen circulante efectivo (VCE) es el volumen de sangre que refleja la magnitud de la perfusión tisular en regiones concretas y que se pone de manifiesto por la plenitud del llenado o la presión en el interior de sus vasos sanguíneos. Normalmente, los cambios en el VCE discurren en paralelo con los del volumen del LEC total. Los sensores que monitorizan los cambios del VCE son barorreceptores localizados en áreas de la circulación de presión alta (aparato yuxtaglomerular (AYG), seno carotídeo, cayado aórtico) y baja (aurículas cardíacas, vasculatura pulmonar). Ante cambios del VCE, estos sensores desencadenan cuatro señales hormonales o nerviosas que contribuyen a restablecer el VCE, modulando la excreción renal de sodio (1). El AYG está conformado por células mesangiales extraglomerulares, la mácula densa (células epiteliales especializadas ubicadas entre la rama ascendente gruesa del asa de Henle y el túbulo distal, que están en contacto con su propio glomérulo) y las células yuxtaglomerulares granulares del músculo liso de las arteriolas aferente que sintetizan renina. El AYG forma parte del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA), una de las señales hormonales (4). Los barorreceptores envían aferencias nerviosas al bulbo del tronco encefálico, desde donde parten dos tipos de señales eferentes que actúan finalmente sobre el riñón. Una de ellas involucra al sistema nervioso simpático (SNS). La otra vía efectora, que se activa ante grandes cambios del VCE, implica el aumento de la secreción de la hormona antidiurética (ADH) por la neurohipófisis. La cuarta vía implica cambios en la síntesis y liberación de los péptidos natriuréticos (PNs) por los cardiomiocitos. Por lo tanto, el mantenimiento del volumen intravascular y la homeostasis hemodinámica depende de un conjunto de interacciones entre el corazón, los vasos sanguíneos y el riñón, en los que participan el SNS, el SRRA, la ADH, los PNs, así como las endotelinas (ETs), el óxido nítrico, las prostaglandinas, la dopamina (3). Un rasgo importante de la circulación renal es su notable capacidad de mantener constantes el flujo sanguíneo renal (FSR) y la tasa de filtrado glomerular (TFG) ante cambios de la PA media entre 80 y 170 mmHg. Para ello, existen dos mecanismos de autorregulación renal: a) la respuesta miógena del músculo liso de las arteriolas aferentes y b) el mecanismo de retroalimentación tubuloglomerular que tiene como mediador al AYG. Un aumento en la PA o la perfusión renal da lugar a incrementos del FPR y la TFG, lo que conduce a un mayor aporte de ClNa a la mácula densa y a la activación de mecanismos moleculares que producen la contracción de la arteriola aferente y un descenso del FPR y la TFG (5, 6). Por otra parte, los túbulos proximales responden reabsorbiendo una fracción relativamente constante de la carga de sodio y agua (balance glomerulotubular) ante cambios de la TFG y de la carga de sodio filtrada. Los sistemas y sustancias vasoactivas previamente mencionadas contribuyen a regular la hemodinamia renal y la reabsorción tubular de sodio y agua, modificando la actividad de los transportadores y el tono de las arteriolas glomerulares.
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Key Words
RIÑONCORAZONFISIOLOGÍAVASOS